jueves, 11 de junio de 2009
De repente necesito una sonrisa de idiota en la cara, esas que te surgen cuando empezás a enamorarte.
De repente me doy cuenta de que la soledad pesa, aunque quiera mirar para otro lado y no ver.
De repente me dieron ganas de estar atenta al teléfono, sabiendo que alguien a quien le importo está del otro lado.
De repente me dieron ganas de sentir como me late fuerte el corazón cuando me tocan el timbre.
De repente quiero un beso, de esos que me levantan del suelo.
De repente me di cuenta que un abrazo, justo ahora ya, me vendría bárbaro.
De repente quiero caminar por la calle, sintiendo la presión de una mano con la mía.
De repente quiero saber que todavía puedo hacer feliz a alguien, que aún soy capaz de provocar incendios.
De repente quiero tener todas las respuestas, quiero saber, por ejemplo, como se hace para aprender a sobrevivir con el corazón roto.
